
Afanosamente busco mis sueños, navego en el mar de los obstáculos impuestos por el destino; destino que crease o no, está allí en cada paso, beneficiando y complicando mi camino, ese que alguna vez creí saber a donde iba y ahora simplemente me encuentro a la deriva.
Momentos e posible y nublada felicidad, entrecruzados con tragos amargos de una realidad diferente que condiciona mi vida y mi mente.
Al fin y al cabo, es todo un gusto vivir esta vida que no es fácil, jugar con lo agridulce y agregarle toques de lo que nos rodea, allí esta el sabor de aprender a vivirla, de superar nuestras propias metas, y de comenzar a ser uno mismo a partir de la verdad objetiva y no de la realidad de las miradas de terceros.
La falsa tranquilidad de saber hacia donde se dirige mi ser, y que esta siendo reemplazada por la aventura de lo impredecible, de las nuevas oportunidades y la espontaneidad, y que las situaciones de mi vida y la de los otros me han quitado, cual coraza me protege de lo malo.
De lo que siempre estuve seguro y doy gracias por ello, es saber que el sentido de mi brújula siempre apunta hacia el amor, un amor inmenso e intenso, que no busco, que atesoro y comparto con los que de alguna manera lo alimentan y lo merecen, y que a veces debido al imán de las complejidades banales desvía mi brújula temporalmente pero finalmente vuelve a su lugar apuntando una vez más al centro del corazón.
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