
Y pienso que quiero desprenderme.
Cortar ese hilo invisible que ata mi alma a tu nada.
Solo yo creo lazos dentro de una vida que no me pertenece.
Pertenencia…es mi necesidad,
pertenecer ese es mi erróneo fin.
Ser parte tuya cuando lo único tuyo eres tu.
Tu sin mirarme, tu sin verme.
Tu sabiendo seguramente que estoy, estuve y estaré.
Con una seguridad absurda de mi debilidad que duerme en mis entrañas.
Nunca vas a estar en ese momento sublime en que mi yo se des personaliza para recorrer tu alma.
Esa alma inquieta, sin paz que acosa mis preocupaciones.
Ya no es un reproche, se me gastaron los pedidos, se agoto mi silencio.
Es esta sensación de vacío, de ausencia aunque este contigo.
Si tan solo imaginaras el poder de la palabra.
La palabra justa en el momento preciso,
cambiarías ese flujo de retirada con el que intentas retenerme.
Es todo tan simple que te asusta.
Simplemente confiar, en mi, en ti y en la incertidumbre de lo que puede ser.
Dejarse llevar por el placer de compartir.
Compartir el amor, los silencios, la cama, el cuerpo, la vida, el dinero,
las ilusiones, el todo, y convertir las no ganas en el placer absoluto de la paz,
que da la seguridad de sentirse querido.
Es simple como el recuerdo, como la necesidad de creer
en un espacio sin límites donde no existe la bochornosa espera de tu mano,
que en un arrebato de piedad acaricie mis necesidades.
Lo se, es imposible.
Nunca vas a dejar tus egoísmos.
Tu eres dueño de la historia, la mueves con tus hilos
que se enredan furtivos en mis ganas de ti.
Si, ya no pienso en una certeza, quiero desprenderme.
Dejarte el sabor a nada con que pintaste mis días junto a ti.
Regalarte las esperas que aun me das en tus promesas de llegada sin llegar.
Necesito que me extrañes, como yo te extraño desde que formas parte de mis días.
Pero quiero desprenderme, sin que sufras mi ausencia.
Quiero regalarte el olvido que me diste, al negarme de frente al mundo,
y yo mismo negar tu paso entre mi gente argumentando que, como otro, ocupaste mis espacios pero no mi corazón. Mentiras.
No es necesaria la verdad para los demás.
Mi vuelo es amplio, largo, cruza océanos, ciudades, países y solo se detiene cuando inunda los sueños de quienes no tienen sueños. Ahí estoy.
No puedo quedarme mas, el tiempo me lleva de nuevo.
Renuncio a quemar mis alas en tu incertidumbre, en tu inseguridad, en tu falta de compromiso y tus ganas de compartir tu todo.
Llegue de casualidad.
Me trajo a ti la grandeza de la causalidad y me aleja de ti la certeza de tu soledad elegida, al menos conmigo.
Quisiera quedarme eternamente en tus espacios, esos en que el tiempo te regala, cuando no piensas en ti.
Me voy, cortando abruptamente el dolor de ser ignorado y regalándome a mi mismo la dignidad de seguir buscando un sueño.
Gracias corazón por ser tan fuerte.